Hace mucho tiempo, no sabía sobre que tema tratar para desarrollar el blog. Me venían muchas alternativas a la cabeza mientras decidía cual era la mejor para desarrollar ¡pero aquí estoy!.
Podría hablar ahora de la amplitud de mundo de los fonoaudiólogos en general. Una carrera como la nuestra exige saber mucho... ¡de muchos lugares a la vez!, dispares y normalmente nunca asociados en la vida cotidiana o en el común de la sociedad. ¿Quien por ejemplo pensó relacionar lingüística y física? ¿desde cuando aprender antropología es tan trascendental para una ciencia de la salud como la nuestra?
En si, el espectro de saberes de un fonoaudiólogo es increíblemente holista, más que en cualquier otra profesión. Generalmente, las fibras sensibles que tocamos caso por caso (como quien habla de cuerdas vocales) no podrían descubrirse de no ser por la pericia en el número de relaciones entre conceptos que hacemos. Mal que mal, estamos hablando del lenguaje, la "vedette" de todos los grandes pensadores del planeta y su trascendencia como elemento cultural abarca a todo el planeta. Sin embargo, lejos de hacer un halago renacentista sobre lo genial que es ser un sabelotodo, me gustaría exigir un poco más de heurística al fonoaudiólogo en general, que termina dejando de lado el resto de las especialidades que aborda para dedicarse solo por entero a una, sabiendo que muchas veces hay lugares que por sus características geográficas y socioculturales, necesitan profesionales que puedan cubrir una alta cuota de necesidades. Las ciudades del sur de Chile son un ejemplo.
El saber adaptarse a los contextos, no es mera pragmática.
Hablar de amplitud de mundo, requiere de un esfuerzo y de una lucha diaria por estar constantemente rediseñando conceptos y formas de pensar, de abordar a la sociedad que requiere de los servicios sanitarios. Es menester hablar de las distintas problemáticas sociales que en nuestro país hacen un hincapié en ensañarse con la población desde términos comunicacionales. Las habilidades expresivas de millones de chilenos corren riesgos cada vez más grandes en un entorno competitivo y negligente, que va desplazando a las personas a sectores donde el desarrollo lingüístico va siendo mermado, atacado y muchas veces segregado, en una extraña mezcla de elementos educacionales y de salud. Tal problema le da de comer a un montón de coachs y psicólogos de autoayuda; la gente acude a "aprender a comunicarse" siendo un tópico postmoderno muy abordado... pero hay detalles que es preciso abordar para solucionar ese "problema", desde la propia praxis (aprender de libros en vez de esforzarse por inmiscuirse en sociedad) hasta términos más complejos que son de nuestra disciplina como el dominio de la pragmática o el sometimientos a enfermedades y trastornos de la comunicación, que requieren evaluación fonoaudiológica para recién comenzar un proceso de inclusión.
Fonoaudiología, al menos acá en Chile, también peca de "autista".
Como ciencia de la salud, estamos constantemente denunciando una relegación de nuestro rol en la sociedad, pero que no se condice mucho con la proactividad general que podría suponer un interés genuino de parte nuestra, de comenzar a recuperar el tiempo perdido. Hay mucha comodidad.
Es ahí donde entra de nuevo la fortaleza holística del profesional. Buscando el apoyo dentro de los diversos sectores y atreviéndose a sumergirse en contextos no lo suficientemente abordados dentro de la cultura y que requieren consideración. En otras palabras, aumentar las zonas de confort del fonoaudiólogo.
Un trabajo que exige, una vez más, en recurrir a las fortalezas y destrezas aprendidas.
Una labor que requiere valentía y proactividad para quien se atreva a sumergirse dentro de las necesidades no atendidas, a veces por años, de los vastos sectores sociales que se ven menospreciadas por las burocracias, en favor de otros aspectos que poco o nada que ver tienen con la salud, ni menos con la prevención. Hablar de la gente como problemática, eso sí, no merece holgura ni menos actitudes fetichistas o culpógenas. L@s fonoaudiólog@s por tanto, deben de cuidar toda actitud que pueda cosificar el trabajo y la dedicación social de quien ejerce la profesión. Recuerdo que mal que mal, muchos de quienes en su juventud (universitaria la mayoría de las veces) escupían al cielo sobre el rol social de las profesiones, hoy están trabajando relajadamente en los sectores elitistas de la salud. Sin ningún interés en desarrollar una conciencia de clase. Esa superficialidad hay que comprenderla a toda costa, no negarla ni menospreciarla, porque es la que al fin y al cabo puede absorbernos a nosotros el día de mañana.
Eso, (otra vez) también requiere auto-trabajo y dedicación, ampliar el mundo una vez más.
Ampliar el mundo de nuestras vocaciones, vale tanto la pena como luchar por reconocerlas.