El Chile gerontológico actual tiene que convivir con el esfuerzo cada vez más consciente (pero escueto en recursos) de la salud pública por ofrecerles garantías sanitarias acordes a sus necesidades ecológicas, mientras tiene que lidiar, por otra parte, con un contexto cultural más complejo donde trazar sus esquemas de vida. No están exceptos muchas veces de dificultades estresantes y desesperanzantes, que no hacen justicia a una definición de senectud plena. El no llegar a fin de mes con la pensión no es un problema menor, asusta, asusta tanto que nadie quiere llegar a viejo en Chile de la manera como se está haciendo, sin el menor resquemor a justificar un sistema tributario que no le garantiza a aquel adulto mayor de nuestras orgullosas estadísticas epidemiológicas una arista, al menos, de lo que nosotros como consenso pensamos que significa la integridad.
No es responsable, sin embargo, abusar de la síntesis de los problemas críticos de los adultos mayores hacía solamente este aspecto. Lo mejor sería pensar de un modo donde el adulto mayor en Chile, frente a varios problemas sociales importantes tiene que lidiar, además, con este asunto que lo mantiene estresado, constantemente indefenso y quizás sin siquiera poder comer adecuadamente. Sin perspectivas sobre cómo administrar eficientemente su vida en un momento donde todo cuesta más, donde todo se monetariza. Preocupación que, por mucha ansiedad que genere, no excluye a otras como la soledad, la falta de integración social, la incomunicación, la preocupación de legar un contexto más favorable a las generaciones que siguen y otras más que, sin embargo, son materia de libros de psicología social y no tanto de actitudes colectivas, las que más bien, se focalizan en hacer lo mejor posible por sus propios "viejos". Esto es, mientras esperan algo más de los poderes democráticos que debieran estar ahí para garantizarle menos preocupaciones a todos.
Pero nos cuesta también, cuesta porque falta consciencia del valor del Chile Gerontológico fuera del paradigma académico, del Chile que se queda cuidando a los niños mientras esperan a sus papás llegar del trabajo, que platica todos los días con otros como ellos, que van al consultorio todas las semanas, el Chile Gerontológico que tiene que lidiar con la periodontitis como buena parte de otros como él, que demuestra templanza con el poco recurso que le queda para salir adelante pero del que tenemos el descaro de seguir buscando una causa en presuntas irresponsabilidades individuales pasadas para justificar que reciba de 80 a 125 mil pesos mensuales, sin tomarnos la molestia en escarbar en que esto sea realmente cierto. Todo esto requiere más seso y grado de implicación de nuestra parte.
Pero nos cuesta también, cuesta porque falta consciencia del valor del Chile Gerontológico fuera del paradigma académico, del Chile que se queda cuidando a los niños mientras esperan a sus papás llegar del trabajo, que platica todos los días con otros como ellos, que van al consultorio todas las semanas, el Chile Gerontológico que tiene que lidiar con la periodontitis como buena parte de otros como él, que demuestra templanza con el poco recurso que le queda para salir adelante pero del que tenemos el descaro de seguir buscando una causa en presuntas irresponsabilidades individuales pasadas para justificar que reciba de 80 a 125 mil pesos mensuales, sin tomarnos la molestia en escarbar en que esto sea realmente cierto. Todo esto requiere más seso y grado de implicación de nuestra parte.
Ante esto, la mirada del psicólogo Erik Erikson, quien dedicó toda su vida al estudio del ciclo vital (sin saltarse la vejez) podría darnos algunas interesantes aristas de un contexto psicosocial que, como terapeutas, debemos enfrentarlo preparadamente, lejos de la consulta.
Santrock (2006) nos habla de las fases de la vida según Erik Erikson, la última de ellas, que corresponde desde los 60 años hacia adelante corresponde a la Integridad frente a la Desesperanza, la cual consiste en la etapa donde los individuos experimentamos la vejez, donde evaluamos en retrospectiva nuestras acciones pasadas a lo largo de la vida y donde a través de un juicio podemos visualizarlas de manera positiva, lo que dependerá del sentimiento de satisfacción que tengamos respecto a ellas. Si lo anterior no ocurre, si alguna de las etapas anteriores evolucionó negativamente y sigue repercutiendo en el presente del adulto mayor, se llega a evaluar con duda y finalmente se concluye un futuro con desesperanza.
No es que tengamos que mirar esta teoría desde el determinismo (no podríamos siquiera hacerlo, considerando la falta de evidencia general en psicoanálisis, salvo en temas particulares como el apego) sin embargo, tampoco podemos abrazar el cinismo y decir que las explicaciones teóricas de Erikson no se ajustan a un marco de realidad. El Chile Gerontológico actual da para amoldarse a toda la descripción anteriormente dicha.
Y tal búsqueda de integridad frente a un presente desesperanzante es una lucha enfocada en múltiples frentes, así, como tantas veces se nos repite acerca del trabajo inter o transdisciplinario, el ciudadano gerontológico en Chile desafía con su realidad a nuestras maternales formas de visualizarlos y es más transdisciplinario que nosotros mismos. La realidad es dura pero la búsqueda de integridad no cesa y es cosa de ver al interior de las familias donde los "viejos" continúan la labor que antaño mantuvieron en pos de mantener no solo su propia integridad, también la de sus familias y en muchos casos, la de sus comunidades. Esas que hoy cambian tan bruscamente para ellos, abrazándose a su praxis como una coraza que los invita cada vez menos de participar del derecho a una civilización como tal.
Es así, que la definición de Erikson no se cumple solo porque el contexto no "invita" sino que tampoco permite su propia irresolución, al privar del juicio cronotópico que supone el contacto con aquellos más jóvenes, con aquellos ejemplos vivos de una época donde se disponía quizás de menos armas pero que puede recibir de buena gana las experiencias ganadas a través de los años, en tanto el Chile Gerontológico actual es también una reserva moral.
El Chile Gerontológico que duerme en las bancas nos rendirá cuentas cuando, de continuar desarrollándose así, solo sobreviva como recordatorio de una vejez ingrata y fatalista, de un no-lugar. Dependerá de nuestra capacidad como personas aportar en su merecida lucha por la integridad para que esto evolucione como es debido en una sociedad de derecho, que dice apoyar la inclusión.
Bibliografía
Santrock, J. (2006). Psicología del desarrollo: el ciclo vital. Madrid: McGrawl Hill/ Interamericana de España
No es que tengamos que mirar esta teoría desde el determinismo (no podríamos siquiera hacerlo, considerando la falta de evidencia general en psicoanálisis, salvo en temas particulares como el apego) sin embargo, tampoco podemos abrazar el cinismo y decir que las explicaciones teóricas de Erikson no se ajustan a un marco de realidad. El Chile Gerontológico actual da para amoldarse a toda la descripción anteriormente dicha.
Y tal búsqueda de integridad frente a un presente desesperanzante es una lucha enfocada en múltiples frentes, así, como tantas veces se nos repite acerca del trabajo inter o transdisciplinario, el ciudadano gerontológico en Chile desafía con su realidad a nuestras maternales formas de visualizarlos y es más transdisciplinario que nosotros mismos. La realidad es dura pero la búsqueda de integridad no cesa y es cosa de ver al interior de las familias donde los "viejos" continúan la labor que antaño mantuvieron en pos de mantener no solo su propia integridad, también la de sus familias y en muchos casos, la de sus comunidades. Esas que hoy cambian tan bruscamente para ellos, abrazándose a su praxis como una coraza que los invita cada vez menos de participar del derecho a una civilización como tal.
Es así, que la definición de Erikson no se cumple solo porque el contexto no "invita" sino que tampoco permite su propia irresolución, al privar del juicio cronotópico que supone el contacto con aquellos más jóvenes, con aquellos ejemplos vivos de una época donde se disponía quizás de menos armas pero que puede recibir de buena gana las experiencias ganadas a través de los años, en tanto el Chile Gerontológico actual es también una reserva moral.
El Chile Gerontológico que duerme en las bancas nos rendirá cuentas cuando, de continuar desarrollándose así, solo sobreviva como recordatorio de una vejez ingrata y fatalista, de un no-lugar. Dependerá de nuestra capacidad como personas aportar en su merecida lucha por la integridad para que esto evolucione como es debido en una sociedad de derecho, que dice apoyar la inclusión.
Bibliografía
Santrock, J. (2006). Psicología del desarrollo: el ciclo vital. Madrid: McGrawl Hill/ Interamericana de España